UNA SERIE DE PINTURAS DEDICADAS A AQUELLOS QUE AMAN EL MAR.

La habitación era grande y en penumbra con pinturas de barcos colgando de la paredes blancas. La grande puerta de cristales estaba abierta y de la terraza entraba un aire fresco y con olor de mar. Las cortinas de lino ligero se inflaban, de vez en cuando, como si un ángel soplara del cielo. Lejos, el brillo del mar hería la mirada de Miriam estirada en la cama grande de su abuela. En aquel momento de reposo, miraba hacia las pinturas de barcos y soñaba viajes en antiguos veleros, piratas amables y tierras inexploradas. Miriam tenía 12 años. La casa de sus abuelos estaba en la playa, era grande y silenciosa, se animaba a mediodía cuando todo el mundo volvía para almorzar y el palique alrededor de la grande mesa se hacía intenso y alegre. Las pinturas de barcos también estaban ahí y la pequeña Miriam seguía viajando por mar hacia mundos lejanos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *